Principio seis

Ampliar la participación

La participación a través de la involucración activa de todos los actores interesados relevantes es considerada fundamental para el desarrollo de la resiliencia social-ecológica. Ayuda a desarrollar la confianza y las relaciones necesarias para mejorar la legitimidad de los conocimientos y la autoridad en los procesos de toma de decisiones.

Mensajes clave

Una participación amplia y que funciona bien puede desarrollar la confianza, crear una comprensión compartida y destapar perspectivas que no pueden ser adquiridas a través de los procesos científicos más tradicionales.

La implicación de una diversidad de actores interesados en la gestión de los sistemas social-ecológicos puede ayudar a  desarrollar la resiliencia, mediante la mejora de la legitimidad, aumentando la profundidad y la diversidad del conocimiento, y ayudando a detectar y a interpretar las perturbaciones. La participación puede variar entre simplemente informar a los actores interesados, hasta una completa devolución de poder. Puede ocurrir en varias – o en todas –  las fases de un proceso de gestión, aunque una participación diversa puede ser particularmente útil en la fase inicial. Esto es así porque una participación temprana significa que los conocimientos de los grupos de usuarios pueden ser incorporados al definir las prioridades y necesidades de la gestión.

Una participación amplia y que funciona bien tiene una variedad de ventajas. Un grupo informado y que trabaja bien tiene el potencial de desarrollar la confianza y una comprensión compartida. Estos son ingredientes fundamentales para la acción colectiva. Un ejemplo se encuentra en Australia, donde se inició un proceso de amplia participación y consulta pública para concienciar sobre las amenazas a la Gran Barrera de Coral. A través de una mayor concienciación sobre las amenazas a las que se enfrenta la Gran Barrera de Coral, el proceso de participación pública pudo conseguir el apoyo público para mejorar los planes de conservación.

Si participa una variedad de personas, con una diversidad de entornos y de perspectivas, puede destapar perspectivas que no pueden ser adquiridas a través de procesos científicos más tradicionales. La participación también puede ayudar a fortalecer la conexión entre la recopilación de información y la toma de decisiones. Por ejemplo, en Filipinas, el seguimiento participativo de zonas de arrecife protegidas mejoró la transparencia de las decisiones que, a su vez, mejoró las relaciones entre los actores interesados del proyecto. También mejoró la comprensión y la validez de la información y cómo fue usada por la gente local en la toma de decisiones.

La participación, sin embargo, no es una panacea. Si no se lleva a cabo de manera meditada, puede aumentar la influencia de algunos actores interesados a costa de otros, incrementando su poder o influencia dentro del sistema, dando como resultado una rivalidad o incluso un conflicto. Es más, las formas débiles de co-gestión, donde la participación incluye poca autoridad pero mucha responsabilidad para los usuarios locales de los recursos, podría degradar la resiliencia de los sistemas social-ecológicos y de los servicios ecosistémicos que estos producen. En las pesquerías chilenas, por ejemplo, las instituciones formalizadas de co-gestión debilitaron las anteriormente fuertes instituciones locales de gestión de recursos. Aunque las instituciones de co-gestión tenían como fin mejorar los objetivos gubernamentales de protección de las pesquerías, en lugar de ello añadieron un estrato de burocracia entre los usuarios de los recursos y el recurso. Esto debilitó la capacidad local de responder rápidamente a los cambios en la base de los recursos.

¿Cómo podemos ampliar la participación?

La creación de un buen proceso participativo es altamente dependiente del contexto, y determinar a quién involucrar y las herramientas y métodos más apropiados para usar supone un reto. Algunos de los errores más comunes al poner en práctica un proceso participativo son subestimar los recursos financieros, humanos y de tiempo necesarios para llevar a cabo una participación exitosa, una capacitación insuficiente en las habilidades de comunicación y asesoramiento, la falta de claridad sobre los roles o las reglas para la participación, y que los actores interesados se involucren demasiado tarde en el proceso para tener un impacto significativo.

Hay varias directrices que se solapan y que pueden contribuir a una participación más efectiva:

• Clarificar los objetivos y expectativas del proceso de participación.

• Involucrar a la gente apropiada.

• Encontrar líderes inspirados y motivados que puedan movilizar al grupo.

• Proporcionar la creación de capacidades.

• Lidiar con las cuestiones de poder y con los potenciales conflictos.

• Obtener los recursos suficientes para permitir una participación efectiva.