Princípio dos

Gestionar la conectividad

La conectividad puede ser tanto algo bueno como algo malo. Un nivel elevado de conectividad puede facilitar la recuperación después de una perturbación, pero un sistema altamente conectado también puede propagar las perturbaciones más rápidamente.

Mensajes clave

A conectividade pode tanto aumentar como reduzir a resiliência dos sistemas socioecológicos e dos serviços ecossistémicos que produzem. Os sistemas bem interligados recuperam mais rapidamente das perturbações. Porém, nos sistemas demasiadamente interligados as perturbações podem propagar-se rapidamente por todo o sistema e afetar todos as suas componentes.

La conectividad se refiere a la estructura y la fuerza con la que los recursos, las especies o los actores se dispersan, migran o interaccionan a lo largo de áreas, hábitats of dominios sociales en un sistema social-ecológico. Por ejemplo, unos fragmentos de bosque conectados entre sí en un paisaje: el paisaje boscoso es el sistema, y los fragmentos de bosque son partes del sistema. La manera en la que están conectados entre sí determina la facilidad que tiene un organismo de moverse de un fragmento a otro. En cualquier sistema, la conectividad se refiere a la naturaleza y a la fuerza de las interacciones entre los diferentes componentes. Desde una perspectiva de redes sociales, las personas son actores individuales dentro de un sistema integrados en una red de conexiones.

La conectividad puede influir en la resiliencia de los servicios ecosistémicos de distintas maneras. Puede salvaguardar los servicios ecosistémicos de una perturbación, ya sea facilitando su recuperación o evitando la propagación de la perturbación. El efecto sobre la recuperación ha sido demostrado en los arrecifes de coral. Los hábitats de coral situados estrechamente sin barreras físicas potencian la recolonización de especies que han sido perdidas después de una  perturbación como podría ser una tormenta. El mecanismo básico es que las conexiones a las áreas que funcionan como refugio pueden acelerar la recuperación de las áreas perturbadas, asegurando así el mantenimiento de las funciones necesarias para sostener el arrecife y sus servicios ecosistémicos asociados.

Quizás el efecto más positivo de la conectividad del paisaje es que puede contribuir al mantenimiento de la biodiversidad. Esto es porque entre las zonas de hábitat bien conectadas, las extinciones locales de especies pueden ser compensadas por la entrada de especies de los alrededores. Una conectividad reducida causada por una fragmentación antropogénica, por ejemplo por carreteras o presas, tiene un efecto negativo sobre la viabilidad de las poblaciones, particularmente para las poblaciones de grandes mamíferos. El proyecto Yellowstone-to-Yukon (y2y.net) en Norte América es un ejemplo de planificación para la conservación que reconecta grandes fragmentos de hábitat con el restablecimiento de corredores silvestres. A través de una variedad de iniciativas de colaboración con diferentes grupos de actores interesados, el principal objetivo de Y2Y es conectar ocho áreas prioritarias que funcionan como hábitats silvestres núcleo o como corredores clave en un área que abarca 1,3 millones de quilómetros cuadrados.

No obstante, una conectividad demasiado elevada también puede ser un problema. A veces una conectividad limitada puede estimular la resiliencia de un servicio ecosistémico al actuar como barrera a la propagación de perturbaciones tales como un incendio forestal. Por otro lado, un sistema demasiado conectado puede reducir la probabilidad de supervivencia de una población cuando todas las poblaciones están afectadas por la misma perturbación, como por ejemplo un incendio o una enfermedad.

En las redes sociales humanas, la conectividad puede incrementar la resiliencia de los servicios ecosistémicos a través de la mejora de las oportunidades de gobernanza. Unos niveles elevados de conectividad entre diferentes grupos sociales pueden incrementar el intercambio de información y ayudar a desarrollar la confianza y la reciprocidad. Algunos actores pueden servir como conectores para otros actores y traer perspectivas de fuera e ideas nuevas a los problemas locales. Sin embargo, de la misma forma que una elevada conectividad de paisaje puede incrementar el riesgo de una exposición simultánea a una perturbación, los actores bien conectados con unos tipos de conocimiento similares y con una preferencia por las ganancias inmediatas sobre la resiliencia a largo plazo, pueden dar lugar a resultados negativos. Hay estudios que muestran que cuando ocurre una homogeneización de normas, la capacidad explorativa de los actores sociales disminuye, dando lugar a una situación en la que todos los miembros de la red piensan de la misma forma y pueden creer que les está yendo bien cuando en realidad se dirigen hacia caminos insostenibles.

¿Cómo podemos gestionar la conectividad?

Como con cualquier principio, ponerlo en práctica depende inevitablemente del contexto. Implementar la conectividad es un esfuerzo ambicioso, pero algunas directrices son:

Mapear la conectividad. Con el fin de entender el efecto de la conectividad sobre la resiliencia de un servicio ecosistémico, el primer paso es identificar las partes relevantes, su escala, sus interacciones y la fuerza de las conexiones. Una vez hecho esto, las herramientas de visualización y de análisis de redes pueden ayudar a revelar la estructura de la red.

Identificar los elementos y las interacciones importantes. Con el fin de orientar las posibles intervenciones y optimizar la conectividad, es importante identificar los nodos centrales o los fragmentos aislados del sistema. Esto ayuda a identificar las partes vulnerables y las partes resilientes del sistema.

Recuperar la conectividad. Esto implica la conservación, la creación o la eliminación de nodos. Un ejemplo es el proyecto Monteregie Connection en el sur de Quebec, en Canadá. Aquí los bosques y las personas están conectados para hacer que el paisaje y sus servicios ecosistémicos sean más resilientes a los cambios ambientales.

Optimizar los patrones de conectividad actuales. En algunos casos, puede ser útil reducir o cambiar estructuralmente la conectividad de un sistema (p. ej. haciendo que sea más modular) para aumentar la resiliencia de un sistema. Por ejemplo, la pérdida de electricidad al este de los Estados Unidos y Canadá en 2003, que afectó a unos 50 millones de personas, es un ejemplo de red donde los fallos locales en un sistema altamente conectado con el tiempo dieron lugar a un colapso sistémico total.