Principio cuatro

Fomentar el pensamiento sistémico adaptativo complejo

La conectividad puede ser tanto algo bueno como algo malo. Un nivel elevado de conectividad puede facilitar la recuperación después de una perturbación, pero un sistema altamente conectado también puede propagar las perturbaciones más rápidamente.

Mensajes clave

Aunque el pensamiento CAS no realce directamente la resiliencia de un sistema, reconocer que los sistemas social-ecológicos están basados en una red compleja e impredecible de conexiones e interdependencias es el primer paso hacia las acciones de gestión que pueden promover la resiliencia.

A medida que las complejidades del mundo que nos rodea se hacen más patentes, nuestra comprensión sobre cómo comportarnos en él cambia correspondientemente. Los investigadores de una amplia variedad de disciplinas ahora debaten, acogen y abogan por el pensamiento de complejidad como fundamental para entender y lidiar con los actuales y urgentes retos social-ecológicos. Sin embargo, fomentar un cambio en el marco de referencia de la gente es mucho más que simplemente añadir a su base de conocimiento. Implica cambiar su mentalidad y su comportamiento.

Un enfoque de sistemas complejos adaptativos (CAS, por sus siglas en inglés) significa alejarse del pensamiento reduccionista y aceptar que en un sistema social-ecológico ocurren varias conexiones a la vez en diferentes niveles. Es más, el pensamiento de complejidad significa aceptar la imprevisibilidad y la incertidumbre, y reconocer una multitud de perspectivas.

Para entender un sistema social-ecológico necesitamos entender cómo piensan los actores de un sistema, y cómo influyen sus “modelos mentales” en las acciones que toman. Los modelos mentales son estructuras cognitivas sobre las que se basan el razonamiento, la toma de decisiones y el comportamiento. Esto quiere decir adquirir conocimiento sobre cómo un actor entiende el sistema, cómo lo gestiona y cómo reacciona a cualquier cambio en el sistema. Actualmente los gerentes reconocen cada vez más que no puede haber una formulación definitiva o una solución genérica a un problema. Aunque la evidencia de que el pensamiento CAS mejore directamente la resiliencia de un sistema es limitada, hay varios ejemplos de cómo contribuye a ello. Un ejemplo es el Parque Nacional Kruger en Sudáfrica. Allí la gestión se ha alejado de las estrategias que mantienen en un nivel fijo las condiciones de los ecosistemas, tales como las poblaciones de elefantes y la frecuencia de los incendios, y en lugar de ello permiten que fluctúen entre límites especificados. El uso de indicadores de umbrales proporciona señales de aviso a los gerentes cuando un componente del sistema (p. ej. el número de elefantes) se acerca a un punto crítico. La intención en general es reducir la intervención (y la inversión) humana e incrementar la variedad de tipos de ecosistemas y hábitats.

¿Cómo podemos fomentar el pensamiento CAS?

El pensamiento CAS puede ser desarrollado, fomentado y aplicado de diferentes maneras basándose en los siguientes indicadores:

Adoptar un marco sistémico. Esto puede ayudar a la gente a organizar su modo de pensar y a concretar su comprensión sobre las interdependencias y las relaciones entre los seres humanos y su entorno.

Tener en cuenta y contar con los cambios y la incertidumbre. Esto se puede hacer empleando un proceso estructurado como la planificación de escenarios para explorar y analizar los caminos de desarrollo alternativos y evaluar las consecuencias previstas y no previstas de las diferentes decisiones. Es más probable que los procesos colaborativos que estimulan el pensamiento CAS fomenten un sistema resiliente. Una variedad de métodos sistemáticos participativos pueden ayudar a involucrar a diferentes grupos con diferentes intereses y conocimientos.

Investigar los umbrales críticos y las no linealidades. Cuando se cruza un umbral hay implicaciones importantes para la gestión de un sistema social-ecológico (SES, por sus siglas en inglés ). Por eso es crucial que la gestión considere deliberadamente/ resueltamente los límites y umbrales del sistema.

Hacer coincidir las instituciones con los procesos de los sistemas social-ecológicos. Esto puede implicar cambios institucionales o la restructuración de responsabilidades y de experiencia, pasando de una gestión tradicional que trabaja recurso por recurso, a una gestión de SES más integrada.

Reconocer los obstáculos al cambio cognitivo. Aquellos que se benefician de los regímenes existentes de un sistema podrían resistirse a adoptar un pensamiento CAS porque temen que pueda estimular la apertura a elementos nuevos y sorprendentes que podrían poner en peligro su posición.