Principio siete

Promover una gobernanza policéntrica

El policentrismo, un sistema de gobernanza en el que múltiples órganos de gobierno interactúan para crear y ejecutar las reglas dentro de un campo de políticas o una localización específicos, es considerado una de las mejores formas de conseguir la acción colectiva ante las perturbaciones y el cambio.

Mensajes clave

Las colaboraciones entre instituciones y escalas mejoran la conectividad y el aprendizaje en múltiples escalas y culturas. Las estructuras de gobernanza bien conectadas pueden lidiar rápidamente con los cambios y las perturbaciones, ya que son abordadas por las personas adecuadas en el momento adecuado.

A pesar de haber muchas formas de conseguir la acción colectiva, el policentrismo es considerado único. Los estudios clásicos sobre la gobernanza sostenible de los sistemas social-ecológicos resaltan la importancia de las llamadas “instituciones anidadas” (las normas y reglas que gobiernan las interacciones humanas). Estas son instituciones conectadas a través de un conjunto de reglas que interaccionan entre jerarquías y estructuras de manera que los problemas puedan ser abordados rápidamente por las personas apropiadas en el momento apropiado. Las instituciones anidadas posibilitan la creación de reglas de acción social y de la acción colectiva que “encajan” en el problema que deberían abordar.

A diferencia de otras estrategias más monocéntricas, se considera que la gobernanza policéntrica mejora la resiliencia de los servicios ecosistémicos de seis maneras, que coinciden de manera elegante con otros principios incluidos en esta publicación: proporciona oportunidades de aprendizaje y experimentación, posibilita niveles más amplios de participación, mejora la conectividad, crea modularidad, mejora el potencial para una diversidad de respuesta y crea una redundancia que puede minimizar y corregir errores de la gobernanza.

Otra razón por la que la gobernanza policéntrica es más adecuada para la gobernanza de los sistemas social-ecológicos y los servicios ecosistémicos es que los conocimientos tradicionales y locales tienen muchas más posibilidades de ser tenidas en cuenta. Esto a su vez mejora el intercambio de conocimientos y de aprendizajes entre diferentes culturas y escalas. Esto es particularmente evidente en la gobernanza local y regional del agua, como en los grupos de gestión de agua en Sudáfrica y en la gestión de los sistemas de riego a gran escala en Filipinas, donde los enfoques policéntricos han facilitado la participación de una amplia variedad de actores y la incorporación de conocimientos locales, tradicionales y científicos.

No obstante, el atractivo de usar un pensamiento policéntrico es dificultado por la falta de principios claros sobre cómo ponerlo en práctica. Hay varios ejemplos de diferentes intentos de colaboración cross-scale (en múltiples escalas)  pero muy pocos análisis que evalúan sus impactos sobre la gobernanza. La gobernanza policéntrica también genera tres desafíos, que podrían debilitar en lugar de fortalecer la resiliencia de los servicios ecosistémicos. El primero es la necesidad de mantener un equilibro entre  la redundancia y la experimentación y los costes de involucrar a los miembros de múltiples órganos de gobierno e intereses. Por ejemplo, la Ley Nacional Sudafricana del Agua aboga por una gestión integrada de los recursos hídricos y está trabajando para hacer que las instituciones sean más adecuadas, pero también reconoce la necesidad realista de mantener un equilibrio entre la amplitud y los costes. Un segundo desafío es el de negociar las concesiones (trade-offs) entre varios usuarios de los servicios ecosistémicos. A menudo estas concesiones dan lugar al tercer desafío, que no consiste solo en lidiar con resolver los conflictos políticos y los beneficios potencialmente sesgados de los recursos comunes, sino también en la llamada “scale-shopping”,  en la que los grupos insatisfechos con las políticas a una escala simplemente se dirigen a un campo político más favorable en el que enmarcar sus intereses.